Mueve el mundo, eso decimos del dinero. En nuestra época hemos alumbrado el modelo social del Homo oeconomicus, lo que significa que nos podemos considerar, en esencia, como agentes del mercado, agentes que ponen en juego sus aspiraciones y sus cálculos. Nos movemos orientados por nuestros deseos y los incentivos, según una racionalidad económica más o menos precisa.
Desde la aparición del libro del economista Steven D. Levitt y el periodista del New York Times Stephen J. Dubner, que supuso el bautismo de una exitosa fórmula de divulgación, ha habido una oleada de ensayos que nos invitan a descubrir de una manera fresca al economista "que todos llevamos dentro", un "economista camuflado" que nos ayudará a desvelar "la lógica oculta de la vida". Algunos de estos libros se centran en matizar el esquema de una racionalidad económica estricta, introduciendo factores complejos que configuran una "economía emocional" y que nos descubren las propias "trampas" de nuestro deseo, las cuales no pasan desapercibidas a quienes tratan de vendernos sus productos. Los manuales de economía han venido a ocupar así el tradicional campo de los de ética en el propósito de analizar los resortes de nuestro comportamiento, estudiar los mecanismos de la realidad y enseñarnos a mejorar nuestra respuesta. D. A.